Cómo impedir que el hijo chico sea el que manda en casa...




Este tema está dedicado a Jeremías, aun cuando estoy segura que a muchos papás y mamás más les va a servir también...




El tema se relaciona en el cómo manejar desde chicos a los niños en casa, para que crezcan sanos emocionalmente, seguros de sí mismos y con una muy buena autoestima. Lo importante de partida es que ellos siempre sientan y sepan que son amados y respetados incondicionalmente por sus padres.




Para establecer un estilo de disciplina positiva se sugiere:




1. Establecer reglas y límites claros y mantenerlos siempre.


2. Darle advertencias y señales a los niños cuando se empiezan a portar mal, porque de esa manera se le da la oportunidad de autocontrolarse.


3. Hay que definir la conducta positiva esperada reforzando (o sea premiándola) con elogios y muchas demostraciones de afecto, e ignorando todo lo posible la conducta disruptiva que sólo apunta a llamar la atención.


4. A los niños hay que educarlos conforme las propias expectativas, hablándoles de los valores y los principios que para la familia son importantes.


5. Es mejor prevenir los problemas antes que se produzcan, atendiendo a las señales que se dan previamente a la conducta problema, lo que ayudaría a evitar las situaciones de conflcito posteriores.


6. Cuando el niño transgrede uan norma o algún límite para él conocido y en forma intencional, aplicar de inmediato un castigo adecuado (entiéndase castigo como quitar algo que al niño le gusta o que tenga que hacer algo que no le gusta, pero NUNCA un golpe, porque al principio son efectivos pero al mediano plazo crean resentimiento y pierden toda su efectividad, causando daño psicológico al largo plazo). Hay que ser coherente y mantenerse firme con los castigos y siempre cumplirlos. De nada servirán si se levantan o no se cumplen.


7. El castigo debe ser proporcional a la falta, que tenga relación con la infraccción misma y no debe ser muy prolongado en el tiempo porque también pierde efectividad (por acostumbramiento).




Estrategias disciplinarias generales:




a. Reprender o retar: siempre hacerlo con cuidado de no dañar su autoimagen y atacar sólo la conducta inapropiada, no su persona, ya que de lo contrario se genera mucho resentimiento y no permitiría una adecuada disposición a cambiar la conducta.




b. "Tiempo fuera": ubicar al niño en un lugar neutro (su pieza por ejemplo, pero a puerta abierta) donde no esté recibiendo atención de los demás y pueda descargar su rabia sin peligro. Se le debe informar que se deberá quedar ahí hasta que se calme y luego que pase la rabia se le atiende y conversa con él sobre sus sentimientos. (Promedio de tiempo: 15 a 20 minutos).




c. Quitar un privilegio: consiste en eliminar algún privilegio como ver TV, jugar Play o Wii o salir a alguna actividad especial como ir al cine. Hay que evitar eliminar privilegios que puedan ser una experiencia importante para el desarrollo del niño, como una actividad especial del colegio como salidas de estudio.




d. La sobrecorrección: si el niño hace algo incorrecto, hacer que corrija de inmediato la conducta y en lo posible que la repita 2 o 3 veces (para que no la olvide).




e. Sistema de fichas: sistema en que los niños ganan puntos por conductas positivas claramente definidas. Dichos puntos se canjean despúes por recompensas y por las malas conductas se restan puntos.




Espero que esta pauta general sirva en algo a aquellos padres que no saben muy bien como manejar las pataletas o los ánimos altaneros y autoritarios de sus hijos.




No olvidar que los padres se deben imponer por respeto como autoridad frente a los hijos y nunca por temor, ya que éste a la larga solo provoca resentimiento y rebeldía apenas el hijo tenga edad y ánimo suficiente para oponerse a la autoridad parental.-

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Desarrollo Moral


En términos generales, se puede entender el desarrollo moral de las personas como la capacidad de tener emociones y conductas que reflejen preocupación por los demás; como compartir, ayudar, estimular, mostrar una conducta altruista o tolerancia hacia los demás y voluntad de respetar las normas sociales.

Los niños deberían por tanto, adoptar y comprender lo que distingue una conducta "buena" de una "mala" y desarrollar hábitos de conducta compatibles con lo que perciben como "bueno". Deberían desarrollar intereses, consideración y un sentido de responsabilidad para el bienestar y los derechos de los demás y deberían expresar este interés a través de actos de atención, benevolencia, amabilidad y caridad. Deberían experimentar una reacción emocional negativa, incluyendo vergüenza, culpa, indignación, temor y desprecio ante la violación de normas morales.

Las dos emociones principales que modelan el desarrollo moral son la empatía y la capacidad de amar. Las emociones negativas también son emociones importantes en la edificación del carácter de los niños, tales como el temor al castigo, la angustia respecto a la desaprobación social, la culpa por no cumplir sus propias expectativas y la vergüenza y turbación al ser descubiertos en una conducta inaceptable.

¿Cómo se desarrolla la Empatía?

Los niños que aprenden la capacidad empática tienden a ser menos agresivos y participan en una mayor cantidad de acciones prosociales, tales como ayudar y compartir. Y por lo general logran relaciones más íntimas en sus relaciones sociales adultas.

Empatía emocional: Se observa en el primer año de vida, también se le llama empatía global por la incapacidad del bebé de distinguir entre él mismo y el resto del mundo, interpretando la aflicción de cualquier bebé como propia.

Entre los 1 y los 2 años: los niños tratan en forma intuitiva de reducir la congoja del otro, pero dado que no saben qué hacer, entran en una confusión empática. A medida que sus capacidades y perspectivas cognoscitivas maduran, los niños aprenden cada vez más a reconocer los diferentes signos de congoja emocional y son capaces de combinar su preocupación con conductas adecuadas.

Empatía cognoscitiva: a partir de los 6 años, por lo general el niño ya puede ver las cosas desde la perspectiva de otra persona y actuar en consecuencia. Puede decidir entre acercarse a un amigo desdichado o dejarlo tranquilo. Esta empatía no requiere de comunicación emocional como el llanto, ya que cuenta con modelos internos respecto de cómo puede sentrise una persona en una situación de pena o congoja.

Empatía abstracta: entre los 10 y los 12 años puede extender su empatía más allá de los que conoce u observa. Los niños expresan preocupación por gente que tiene menos ventajas que ellos. Cuando los niños hacen algo acerca de estas diferencias a través de actos caritativos, ya ha alcanzado en forma completa la capacidad de empatía.

Se ha visto que no existen mayores diferencias entre niños y niñas, pero que los niños suelen realizar actividades físicas serviciales como rescates y las niñas son más solidarias desde el punto de vista emocional. No habría relación entre clase social ni el tamaño de la familia, aunque los hermanos mayores suelen mostrarse más serviciales.

Enseñar a decir "la Verdad".

Antes de los 4 años, habitualmente los niños no tienen el desarrollo cognoscitivo ni lingüístico para percibir que existe un vínculo directo entre lo que dicen y lo que hacen. Luego de los 4 años, comprenden que engañar es malo y se preocupan más de contar "la verdad". Los niños que mienten, generalmente lo hacen para evitar castigos, para obtener admiración de sus pares o para obtener algo que quieren. Los adolescentes lo suelen hacer para proteger su intimidad, para poner a prueba la intimidad o evitar una situación incómoda.

Para desarrollar la sinceridad en los niños desde chicos, hay que convertir el tema como un tema de conversación cotidiano en la casa. Leerles cuentos o ver películas que marquen la importancia de la sinceridad y la honestidad. Jugar juegos que impliquen confiar en el otro y siempre tener presentes también las necesidades cambiantes de los niños en relación a resguardar su intimidad.

También poder desarrollar la confianza entre padres e hijos es siempre necesario. Para lograr ésto se sugiere enseñarles el valor de la honestidad a los niños cuando sean pequeños y ser coherentes como padres a medida que ellos crecen (no mintiendo uno tampoco). La comprensión del valor de la sinceridad por parte de los niños se va modificando con los años y a medida que van creciendo, pero en los padres debe permanecer inalterable.
Desde una perspectiva evolutiva, cada emoción humana se ha desarrollado con un propósito; y eliminar las emociones negativas de nuestra comprensión del desarrollo del niño equivaldría a eliminar un color y eliminar también un millón de matices de colores. Las emociones negativas como la vergüenza y la culpa son indudablemente muy poderosas en términos del aprendizaje emocional y el cambio de conducta de las personas.

La vergüenza aparece como una forma de incomodidad extrema que surge cuando los niños sienten que no han actuado de acuerdo con las expectativas de otras personas. La culpa aparece cuando los niños no logran cumplir con sus pautas internalizadas de conducta esperado.
La vergüenza debería ser invocada cuando el niño no ha mostrado reacción emocional alguna después de haber hecho algo de lo que debería avergonzarse. También debería considerársele como una estrategia legítima para el cambio, cuando formas menos drásticas no han resultado. Y luego debe haber un sincero perdón y la reaceptación.

La culpa constituye un motivador moral más poderoso y duradero que la vergüenza. Funciona mejor que cualquier amenaza o temor externos. ¿Cómo utilizarla?:

1. Estableciendo normas coherentes y castigos compatibles cuando se violan las normas. Hay que asegurarse que el niño entienda el efecto que se persigue con la norma y cuál será la consecuencia que implica transgredirla. Los castigos deben ser justos, inmediatos y breves.

2. Cuando los niños de más de 10 años violan normas importantes, hay que pedirles que hagan una lista con sus propios castigos para cada infracción, en acuerdo con los padres. Luego hay que velar -por ejemplo por medio de un tercero- que se apliquen las consecuencias (castigos) acordados.

3. Hay que reaccionar más duramente cuando lo que hizo el niño perjudica a otro. Hay que expresarle los sentimientos propios como padres, al respecto, además del castigo. Si esto perturba o apena al niño, no hay que apurarse a consolarlo, ya que sentirse culpable le ayudará a no ser desconsiderado una próxima vez.

4. Por último, hay que darle mucha importancia a las disculpas, sean orales o escritas.

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Inteligencia Emocional en Niños


Este documento lo desarrollamos con unas colegas psicólogas (Melixa Rivera Contreras y Paola Fernández Valenzuela) hace unos años atrás, pero nunca está de más compartir la información.


El término Inteligencia Emocional fue utilizado por primera vez en 1990, por los psicólogos Peter Salovey de la Universidad de Harvard y John Mayer de la Universidad de New Hampshire. Se define como un subconunto de la inteligencia social que comprende la capacidad de controlar los sentimientos y las emociones propios así como los de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar nuestros pensamientos y nuestras acciones. Se emplea para describir las cualidades emocionales que tienen importancia para el éxito de la vida e incluyen:


-la empatía

-la expresión y la comprensión de los sentimientos

-el control del carácter

-la autonomía

-la capacidad de adaptación

-la simpatía

-la perseverancia

-la cordialidad

-la amabilidad

-el respeto


Un aspecto importante de la Inteligencia Emocional es que no lleva una carga genética tan marcada, lo que permite que padres y profesores consideren que la simple naturaleza no determina las posibilidades de éxito en la vida de una niño, ya que hay estudios que plantean que aunque los niños nazcan con predisposiciones emocionales específicas, su sistema de circuitos cerebrales retiene cierto grado de plasticidad, por lo que son modificables. Los niños pueden aprender nuevas capacidades emocionales y sociales que crearán nuevas vías nerviosas y pautas químicas más adaptables.


Como recomendaciones generales para estimular la IE en los niños se sugiere:

-Enseñarles a hablar de sus sentimientos, ya que es un modo de desarrollar la capacidad de comprender las emociones de los otros. Pero además es necesario enseñarles a comprender el significado de la postura, las expresiones faciales, el tono de voz y el lenguaje corporal.

-Reforzar a los niños verbalmente para que se sientan bien consigo mismo sólo sirve, si estos refuerzos están relacionados con logros específicos y el dominio de sus conocimientos.

-Enseñarles a enfrentar situaciones de stress (en su justa medida) ya que les ayuda a sortear más adelante las dificultades de la vida, a ser más flexibles, adpatables e ingeniosos.

-Frente a niños que han sufrido traumas es más favorable desensibilizar el efecto estimulando centros de tranquilización en el cerebro (música clásica suave, colores pastel en tonos celestes o verde agua en la pieza, lectura de cuentos con personajes que pasan por situaciones parecidas a las de ellos pero que finalmente salen airosos de la situación con un "final feliz"...)


A los padres se les recomienda:

-Entregar atención positiva a los niños; esto es brindarles apoyo emocional de un modo entendible y reconocible para su hijo. Implica una participación activa en la vida emocional del niño. Por ejemplo, dedicarles al menos unos 20 a 30 minutos diarios de atención exclusiva al hijo como "tiempo especial" compartido con él y donde nadie más intefiera, en una especie de rutina horaria consistente durante la semana. Esto es especialmente útil también en niños con Síndrome de Déficit Atencional.

-Elogiar a los niños por las conductas adecuadas que él manifieste, siendo muy precisos, sinceros y evitando la adulación excesiva.

-Demostrarles interés por lo que él está haciendo, participando con él de la actividad, describiendo lo que uno ve y reflejándoles sus sentimientos cuando sea necesario (por ejemplo "estás enojado porque no te resulta el juego" o "estás orgulloso porque lo pudiste hacer solito").

-No le haga tanta pregunta ni lo ordene, sino que más bien hay que observarlo, acompañarlo y reflejar lo que uno ve, sin intentar guiar ni controlar su juego.-



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