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¿Cómo entendemos los adultos el mundo infantil?



Por Claudia Lewin, Psicóloga.
A diario me toca ver cómo los adultos se dirigen a los niños, por ejemplo, en el supermercado la mamá retando al hijo ante la infaltable “pataleta”; cuando los papás se encuentran con un amigo le dicen al niño “ya pues salude con un besito”; cuando los van a buscar al colegio los llevan corriendo acompañado de la frase “ya pues apúrate” en fin, tantas actitudes que los adultos producto de la vida agitada ni siquiera nos detenemos a pensar. Claro, es que somos adultos y como tal funcionamos desde un mundo distinto, nos encantan los niños bien educados los “viejos chicos” porque medimos las conductas de los niños en base a nuestros parámetros. A este predominio de la visión de los adultos por sobre los niños es lo que Barudy llama “cultura adultista”.
Pues bien, somos hijos de esta crianza adultista en que aprendimos a comportarnos según las expectativas de éstos, por lo que dichos rasgos saldrán a flote en algún momento cuando formamos a nuestros hijos. El modelo educativo que asumimos los adultos no es cuestión de elección, sino que se asocia a  las creencias que se tienen sobre el proceso de crianza - educación y,  a las propias vivencias que  se  hayan tenido a lo largo de la vida. Es así cómo la influencia de nuestra representación social de infancia, entendida como “el conjunto de creencias compartidas por la sociedad de lo que significa ser niño” (Ps.Josefina Martínez), determinará la manera de relacionarnos con los niños
Así, desde nuestro mundo no nos damos cuenta que los niños nunca han sido adultos y tenemos apreciaciones que se transforman en prácticas cotidianas:
1. No consideramos algunas conductas como propias del momento evolutivo, sino como “defectuosas” que en el extremo nos pueden llevar a usar sistemas de disciplina autoritarios.
2. Se idealiza la infancia como un período sin problemas ni preocupaciones en que a los niños no les afectan las cosas, sin embargo, olvidamos que deben cumplir tantas exigencias escolares como extracurriculares que quedan sin tiempo para el ocio, para jugar y divertirse.

3. Desconocemos las necesidades  de los niños, no tenemos tiempo de escucharlos ni tampoco les damos el espacio de expresarse y nuestra forma común es decirles “ahora no, estoy ocupado”.

4. En palabras de Barudy se los “cosifica”, es decir, se les quita su calidad de ser humano y los tomamos como objetos de nuestra pertenencia incluso, su cuerpo se ve de público dominio obligándolos a saludar de besos a todos los tíos, o el típico comentario de papás “mi hijo, lo crío como quiero”.

5. Se ve a los niños como “cheques a fecha” los valoramos por lo que llegarán a ser en el futuro y perdemos de vista su presente.

A estas alturas, puede que muchos recién ahora empiecen a recordar acciones que los identifiquen con lo anterior y, que probablemente desconocían. Entonces, ¿cómo poder revertir estas ideas que nos fueron traspasadas generacionalmente?
-      Reconoce  a los niños como personas dignas de respeto y trátalos bien.
-      Visualízalos  como personas en desarrollo y no como “adultos chicos”, ellos son diferentes a nosotros.
-      Atiende sus necesidades e  inquietudes actuales considerándolas como importantes y no como “mini problemas”.
-      Acoge y respeta sus emociones tanto positivas (alegrías) como negativas (rabias, penas) , así estarás sintonizando emotivamente con él.
-      Reconoce sus esfuerzos y fortalezas. 
 Ayúdalo a reconocer sus emociones, eso se llama “Alfabetizar Emociones” (N. Milicic).
-      Plantea límites flexibles ajustados a la edad, en forma clara y en positivo.
-      Permítele tiempo para jugar.
-      Conéctate con tu propia infancia, eso te ayudará a empatizar con el niño.
(Recomiendo el libro :Recuperar el niño interior ” de C. G. Jung y otros )             

Tenemos un gran desafío: salir del paradigma Adultista, no es una tarea simple, pero si miramos el mundo infantil desde la óptica de los niños podremos entenderlos de mejor manera.

Sólo detente un momento y reflexiona: ¿Qué tipo de conductas estoy desarrollando en mis hijos a partir de mis actitudes? 


Claudia Lewin Delbene
Psicóloga Infanto- juvenil
Diplomada en Psicología escolar y en Abordaje de la violencia
celular: 9-5170474

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La Educación: ayer, hoy y mañana



Por Claudia Lewin, Psicóloga.
La educación no se exime de ningún momento de la historia puesto que ha tenido que adaptarse a los cambios de la sociedad, sufriendo transformaciones conceptuales importantes a lo largo de los siglos. En la actualidad, vemos que aún existe una enseñanza tradicional en que se pretende moldear la conducta del individuo siguiendo un modelo netamente instruccional. Las ideas imperantes en nuestra cultura definida como “ patriarcal” nos muestra la prevalencia de las relaciones de dominio-sumisión donde los conflictos se resuelven por la fuerza. Este paradigma inflexible y autoritario viene avalado por creencias pedagógicas que para entregar una buena educación y formar niños dóciles, debemos exigir obediencia utilizando como medios la coerción y la violencia.

La educación funciona para hacer crecer y no para silenciar, sin embargo, son muchos los que piensan que utilizar la violencia no tendrá ninguna consecuencia grave en el niño porque ellos “olvidan todo“, especialmente cuando son pequeños. Gran error, pues justamente en este período de la vida el niño se encuentra más indefenso y vulnerable sin ningún control sobre lo que ocurre a su alrededor, y la violencia sólo cumpliría con el objetivo de someterlo a la voluntad del adulto. Con esta metodología claro que se logra la obediencia y también el respeto, pero a costa del sufrimiento silencioso del menor quien va incubando temor y rencor hacia la persona que lo agrede. Como generalmente se trata de alguien cercano al niño, se provoca un daño en el vínculo con la consiguiente desaparición de la comunicación y pérdida de confianza, permaneciendo el niño con la constante sensación que debe protegerse de los otros, lo cual sí es una consecuencia grave. Asimismo, se produce un impacto en su desarrollo  emocional, porque aún cuando el maltrato no sea físico o el niño no pueda verbalizarlo, sí va acumulando sentimientos negativos como culpa, humillación, inseguridad, tristeza y soledad, entre otros, los que se verán reflejados en su conducta.
Lamentablemente aún se mantienen estas prácticas donde para bastantes adultos es válida la enseñanza rígida y los castigos como forma de corrección ante conductas infantiles que son vistas como peligrosas, de lo contrario no estaríamos hablando de “maltrato infantil ” en el siglo XXI.  Todavía nos toca ver en las noticias o escuchar algún relato de cómo hay adultos que propician golpes, incluso con objetos, considerándolos como acciones inofensivas, como medidas que evitarán problemas a futuro o bien como instrumentos válidos de educación y corrección. Esto sólo nos indica que la violencia en cualquiera de sus formas, dolorosamente se transforma en parte de la vida cotidiana para muchos niños y niñas de todo el mundo hoy en día.

Pues bien, estamos en el momento preciso de realizar esfuerzos por cambiar la forma de mirar la educación y entender que ésta funciona dinámicamente, porque estimula al niño a desarrollar sus capacidades. De esta manera, le proporciona al niño los medios necesarios para que se comprenda a sí mismo y al mundo en que vive, logrando así la autonomía suficiente para funcionar como un aporte en la construcción de la sociedad, mediante relaciones de colaboración con los otros.
No podemos olvidar que una buena educación, va de la mano con adultos capaces de sensibilizarse y empatizar con las necesidades del niño para poder asistirlo, escucharlo, comprenderlo y guiarlo. Para conseguirlo, se requiere que los “cuidadores” faciliten espacios de comunicación y expresión de sentimientos que procuren una sintonización afectiva, así  el adulto se plantea frente al niño como competente para establecer una relación cercana entregándole ambientes protectores que aseguren su bienestar emocional. Sólo así el niño se sentirá amado, reconocido y respetado en su calidad de ser humano, así como en sus derechos.
   
El adulto en su rol formador tiene la misión de utilizar el poder que le viene dado jerárquicamente, no para reducir al niño, sino para entregarle pautas de comportamiento y límites claros ajustados a las exigencias evolutivas y a sus características personales. En mi experiencia profesional como psicóloga, soy testigo tanto en la consulta como en el ámbito educacional de cómo algunos adultos,  especialmente los padres, no conocen a cabalidad a los niños en términos de las tareas que deben cumplir según su etapa del desarrollo, llevándolos muchas veces a “exigir” conductas o actitudes para las que aún no están preparados porque los ven como un “adulto chico”, olvidando,  qué es una persona que recién se está formando y que presenta características diferentes a las nuestras. Por eso, no es de extrañar que cuando toman la iniciativa de interiorizarse del desarrollo biopsicosocial de sus hijos(as), lo hacen a destiempo o bien cuando “colapsan” por alguna situación puntual.

Desde mi perspectiva, educación significa ser capaz de conducir al niño hacia el desarrollo de sus potencialidades para transformarlo en una persona con un rol activo en la sociedad, para lo que se requiere de adultos que puedan también comprender ciertas conductas infantiles como normales según la edad. Así, vemos cómo en la primera infancia entre los 2 y 3 años muchos adultos tienen una nula tolerancia frente a la terquedad u obstinación del niño  utilizando castigos, retos y golpes cuando se trata de una conducta propia de la edad,  cuya expresión, no es más que la oposición del niño ante las exigencias del medio para fortalecer su voluntad e impulsar el desarrollo moral y social. Por eso, se debe destacar que la función primordial del adulto debe ser el sintonizar afectivamente con las vivencias del niño mostrándose cercano en la relación, con el fin de otorgar bienestar emocional y protección a sus derechos como personas.

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 Claudia Lewin Delbene
            Psicóloga Infanto- juvenil
  
Diplomada en Psicología escolar y en abordaje de la violencia
                       clewind@yahoo.com
                        celular: 9-5170474

                     

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Al Jardín por primera vez


Por Marcela Tarifeño. Psicóloga Infanto-Juvenil
Les dejo estas imágenes que corresponden a una publicación reciente de la Revista Valles del Sol, de Colina, Chile, donde se habla en un breve artículo, del ingreso de los niños pequeños por primera vez al Jardín Infantil. Espero les sea de utilidad a los padres y madres que viven esta situación con sus hijos.


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La importancia de la lectura en la familia


 Por Marcela Tarifeño. Psicóloga.

En estos días en que acaban de entregarle el Premio Nacional de Literatura chilena a la famosísima escritora Isabel Allende, aprovecho de reforzar la importancia del hábito lector en los niños y los jóvenes. Es bien sabido que es un habilidad que se desarrolla con la práctica, pero para poder practicar la lectura es necesario primero tomarle amor a los libros. Y el amor a los libros se enseña, se educa, se traspasa de padres a hijos con el ejemplo, con el compartir la actividad en familia, donde se pase bien leyendo juntos un entretenido libro o una revista.

La lectura es fundamental para desarrollar una serie de habilidades cognitivas como las capacidades de análisis y de reflexión, el pensamiento creativo y la capacidad para soñar e imaginar; refuerza y aumenta el vocabulario y la comprensión verbal, permite mejorar la ortografía y la gramática, en fín, todas cualidades que luego serán fundamentales en la formación escolar. Los niños que no tienen el hábito de la lectura desarrollado, que no disfrutan de la lectura desde pequeños, se ven en desventaja frente a sus compañeros cuando deben estudiar y aprenderse contenidos por este medio.

Si bien hoy en día la educación formal también utiliza otros recursos metodológicos importantes como la tecnología, las películas y las salidas a terreno, también es fundamental ejercitar siempre la lectura libremente escogida, entretenida y compartida en familia, para que los hijos no sientan que leer es un deber del colegio nada más (y por lo mismo fome) y se animen a tener siempre a mano una buena revista o un buen libro que les haga volar la imaginación.



Para más información en torno a este tema les sugiero ver nota en este link.

¡¡¡ Y para los más grandecitos, a disfrutar de las novelas de Isabel Allende !!!



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Una nueva visión para enseñar ciencias.


Este tema está dedicado a José Manuel, quien preguntaba por los aportes de la neuropsicología para el desarrollo del aprendizaje en la niñez...
La verdad es que existe bastante literatura al respecto, pero entregaré una visión más actualizada al referirme a un reportaje desarrollado en la Revista Scientific American Mind, edición Septiembre-Octubre 2009 (www.scientificamerican.com/mind).

El artículo titulado originalmente "A New Vision for Teaching Science" (cuya traducción libre me permito entregarles) habla de estudios recientes en los campos de la neurociencia y la psicología que sugieren formas de mejorar la educación de materias de ciencias en los colegios de Estados Unidos (que me imagino pueden aplicarse a cualquier país).

El reportaje estima que la calidad de la educación de las materias de ciencias en Estados Unidos -medida con el Programa Internacional de desempeño estudiantil 2006 (PISA por sus siglas en inglés; y programa en el cual también participa Chile junto a otros países por todo el mundo)- sufre una verdadera crisis al encontrarse los resultados de los adolescentes de 15 años, más bajos que otros 28 países de los 57 participantes. Y en matemáticas les fue peor: su rendimiento promedio estuvo bajo 34 países de los 57 evaluados.

Los resultados chilenos son incluso peores, ya el puntaje promedio de los alumnos chilenos evaluados en ciencias nos dejó en el ranking 40 de los 57 países participantes, con mejor resultado eso sí, que cualquier otro país latinoamericano y donde nuestro más proximo seguidor es Uruguay en el lugar 43. Los países "top ten" en este ranking son (y en el mismo orden de 1 a 10): Finlandia, Hong-Kong (China), Canadá, Taipei (China), Estonia, Japón, Nueva Zelandia, Australia, Holanda y Liechtenstein.

Pese a que en Estados Unidos han efectuado reformas educacionales por décadas, según el artículo, los avances vistos en los alumnos sobre todo de "high school" o enseñanza media han sido muy pocos, por lo que dos informes de su Consejo Nacional de Investigación (National Research Council, NRC) ofrecen novedosas estrategias para intentar cambiar esta situación, basados en recientes investigaciones sobre cómo piensan los niños y cómo realizan sus aprendizajes.

Y se han definido 4 objetivos interrelacionados para manejar en forma más práctica la ciencia con los niños:

1. que los estudiantes debieran ser capaces de conocer, usar e interpretar explicaciones científicas sobre el mundo natural,
2. que debieran ser capaces de generar y evaluar explicaciones y evidencias científicas,
3. que debieran ser capaces de entender la naturaleza y el desarrollo del conocimiento científico y;
4. que debieran ser capaces de participar significativamente en actividades y discusiones científicas.

Estos objetivos representan una aproximación a la ciencia como práctica, como un proceso dinámico, ampliamente promovido por los investigadores del rubro. Lo que se plantea es que en la enseñanza de las ciencias, habitualmente se la explica en dos partes: como un método científico paso a paso y como una recolección de hechos. Como resultado, la mayoría de los niños adquiere una visión absolutista de lo que creen es "la verdad" de los hechos y creen que los aprendizajes se obtienen de la pura observación diercta. Y a medida que van creciendo no siempre son capaces de darse cuenta que las ciencias son un ejercicio de construcción y de revisión de teorías. Todos los estudiantes y no solo quienes pretendan seguir una carrera científica, debieran aprender cómo se construye el conocimiento científico, por lo que la literatura científica básica debiera ser obligatoria para cualquiera que prentenda participar a futuro de la sociedad en forma responsable.

Repensando cómo aprenden los niños.

Hasta hace poco los educadores y psicólogos asumían que la edad era la que determinaba la capacidad de aprendizaje. Se pensaba que el pensamiento abstracto tomaba mucho tiempo en desarrollarse, entonces para los cursos de niños más chicos, los profesores solo se enfocaban en la memorización sin darle mayor importancia al entendimiento de las materias. Esta visión limitada de las habilidades cognitivas de los niños se originó en un estudio de 1953 de Jean Piaget, el padre de la psicología infantil; y su colega Bärbel Inhelder opinaba que no había forma de acelerar inicio el pensamiento lógico que en los niños se desarrollaba normalmente a los 12 años.

Sin embargo, investigaciones más recientes han demostrado que los niños sí tienen la capacidad para razonar en forma científica mucho antes de los 12 años. Uno demostró por ejemplo que bajo condiciones adecuadas, los niños pueden adquirir conceptos abstractos tales como el diseño experimental controlado. Incluso antes, a la edad preescolar, los niños observan e interactúan con el mundo alrededor de ellos y comienzan a entender cómo se mueven los objetos o cómo viven los animales, o pueden comprender que las distintas personas tienen distintas ideas y así otros hechos más. En algunos casos inclusos pueden diferenciar causa de efecto, diseñar experimentos y hacer uso de modelos y de símbolos.
Después que los niños entran a la educación primaria (educación básica en Chile) sus habilidades avanzan muy rápidamente. Los profesores antiguamente atribuían este avance sólo al desarrollo cognitivo (ya que tienen periodos de atención más largos y mayor autocontrol de la conducta y mayor velocidad de procesamiento verbal). Pero en investigaciones se ha visto que el progreso de los alumnos es mayor cuando tienen experiencia previa en el tema, como base sobre la que construir el aprendizaje. Y la calidad de estas experiencias previas es la clave, no la edad del niño ni su grado de madurez ni cuán temprano o tarde comenzó su escolaridad.

Estos resultados confirman lo que los teóricos han afirmado hace tiempo: que el alumno aprende mejor un tema cuando tienen algún grado de conocimiento previo como base para construir sobre ello. (Que es el denominado Aprendizaje Significativo). Dadas estas bases o "fundaciones" los profesores pueden construir fácilmente sobre ellas "extensiones". Por ejemplo, si el niño ya tiene conocimientos previos acerca los animales, no le es tan dificil enseñarle sobre el ornitorrinco. Algunas nuevas ideas o conocimientos son tan contrarias a la intuición, que los alumnos se ven impulsados a cambiar completamente su forma de pensar. Los alumnos también debieran desarrollar un sentido de metacognición (darse cuenta de su capacidad de aprender) y notar cuándo su conocimiento surge y varía de lo generado en clases o de teorías científicas. Pero el patrón sigue siendo el mismo: la mejor manera de hacerse experto en algo sigue un camino en espiral, en el cual los alumnos revisan y redefinen contínuamente sus fundamentos conceptuales.

Enseñanza más efectiva.

Basado en estos descubrimientos, los estadounidenses han elaborado una nueva visión de que propone que los profesores de ciencias se avoquen a unos cuantos conceptos básicos nada más, ya que se ha visto que es mejor profundizar constantemente en unos cuantos que tratar de abarcar mucho más en extenso. Y los temas propuestos serían la teoría atómica molecular, la teoría de la evolución, la teoría celular , la fuerza y el movimiento. Y que la idea es que grado a grado los estudiantes fueran profundizando sus conocimientos en estas áreas de modo de adquirir conocimientos detallados en ellas, en forma bien planficada por los que hacen los diseños del currículo escolar.

Básicamente el artículo de la revista mencionada (Scientific American Mind) alude a algunas sugerencias para el sistema educativo en Estados Unidos, que en resumen apuntan a lo que predica el Aprendizaje Significativo mencionado anteriormente. La idea es que los profesores puedan considerar siempre el parendizaje previo de sus alumnos en las materias por verse y que las relacionen con las experiencias de ellos, para que el niño o joven sienta la cercanía y la relación de la materia con sus propias vivencias y de esta manera le sea más fácil de entender y de mantener.

Por tanto, como recomendación final desde mi perspectiva podría agregar que para facilitar ésto, en casa habría que ofrecerle el máximo de experiencias a los niños en todos los ámbitos posibles (contacto con los libros, la música, el arte, la naturaleza, los animales, las distintas personas, etc.) desde chiquititos y no negarles explicaciones o ejemplos cuando ellos pregunten cosas. Hay que aprovechar al máximo su curiosidad natural y espontánea, y si no la manifiestan, los padres debiésemos ingeniárnoslas para despertar en ellos la curiosidad y las ganas de saber... ¡ siempre !


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